Qué me faltó?
¿Qué me faltó para que el otro me elija, me quiera, se quede? Es, quizá, la pregunta interior más dolorosa que podemos permitirnos. Duele porque parece íntima, honesta, casi humilde. Pero también duele porque suele esconder una trampa: la fantasía de que la vida pasa solo por nosotros y que los demás no eligen. Seguimos cayendo ahí una y otra vez. Como si el amor fuera una ecuación perfecta y, si algo salió mal, entonces hubo un error de cálculo. Algo me faltó. Algo no hice. Algo no fui. “Qué me faltó” representa la posibilidad de una vía de escape. Nos ofrece una promesa silenciosa: si descubro qué fue, en la próxima oportunidad no voy a perder eso que tanto anhelo, eso que tanto amo . Es una pregunta que no mira tanto al pasado como al futuro. Quiere asegurarse que no vuelva a doler.En el fondo, lo que estamos diciendo es: si soy suficiente, siempre me van a elegir . Y ahí empieza el problema.Porque nuestra suficiencia no tiene nada que ver con la elección de los otros. Nada. La sufi...







