La carencia que sientes no empezó contigo
En muchos casos, esa carencia no nació en la propia vida. Viene de antes. Viene del sistema familiar. Historias de pérdidas, de escasez, de ausencias, de dolor no expresado.
Vidas que tuvieron que arreglárselas con poco, emocional o materialmente. Cuando esas experiencias no fueron reconocidas, no desaparecen. Quedan latentes, buscando un lugar donde ser vistas. Por eso, aunque una persona haga cambios, se esfuerce, estudie, trabaje en sí misma o intente vivir distinto, hay patrones que insisten. No por falta de capacidad, sino por lealtad. A veces se repite la carencia como una forma inconsciente de seguir perteneciendo.
El verdadero movimiento comienza cuando eso puede ser reconocido. No desde la queja ni desde el juicio, sino desde una mirada honesta: “esto no empezó conmigo”. Cuando lo que faltó en el sistema es mirado, algo se afloja por dentro. De a poco, ya no es necesario llenar vacíos ajenos ni dar de más para sentirse en paz. El merecimiento deja de ser una idea que se repite en la cabeza y empieza a sentirse en el cuerpo.
La abundancia ya no genera culpa ni miedo, porque deja de vivirse como una traición a quienes no tuvieron.Cuando la carencia es reconocida, deja de pedir repetición.
Y entonces, lo que llega puede quedarse. No hace falta perder para pertenecer, ni sacrificarse para ser fiel a la historia. Si este texto llega a ti hoy, tal vez no sea casualidad. Tal vez sea una invitación a mirar con más amor lo que fue, para poder vivir con más libertad lo que es.
Cuando la carencia deja de guiar la vida, la abundancia deja de parecer un sueño lejano y empieza a sentirse posible.
Si este texto resuena contigo, puede ser una señal de que hay algo que pide ser mirado más de cerca. En una sesión individual de constelación, es posible llevar a escena la carencia y la relación con el dinero, observar su origen y permitir que se produzca un nuevo orden interno. Para más información envía WA al 5534551888.



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