¿Cuánto tiempo de vida estamos entregando para parecer vivos?


Es muy propio de la edad el hecho de qué queramos, conforme pasan los años, hacer cosas para vernos mejor de lo que la vida nos deja. Ella nos pasa el trapo por encima y va esparciendo los recuerdos de quiénes fuimos sin piedad, por ahí y por allá… y a nosotros no nos queda más que el recurso ingenuo, trivial y trillado de autoconvencernos de que la edad es sólo un número, pero se nos olvida que es un número en ROJO, uno que habla de déficit, de pérdida, de cuesta abajo, como todo lo que empieza a colgarse silenciosamente en nuestro cuerpo.

Un día tienes nariz respingada y al despertar eres uno de los enanitos de Blanca Nieves, y en el afán de hacer algo… miramos cuál biblioteca de Babilonia… Instagram… ¿te diste cuenta que ahora existen gurú para todo?… Todo mundo sabe todo… excepto, por supuesto… nosotros…

Confiados de que los demás saben más de nosotros que nosotros mismos, apuntamos en alguna otra aplicación rutinas, dietas, recetas, frases, meditaciones, posturas de yoga, los nombres de dios, respiraciones, masajes faciales, y empezamos a darnos cuenta de qué para estar BIEN hay que sacrifricar algo, porque el día sigue teniendo sólo 24horas.

Unas, dos, tres, los más suertudos, solteros, sin hijos, sin mascotas, sin familiar, yeahhh… llegan a cuatro semanas perfectas… pero en un punto el ritmo por mejorar desmejora, porque en el camino hemos dejado otras cosas importantes, y sobre todo el disfrute.


Arrancamos con innumerables tareas para gozar la vida, que termina sin gozarse porque entre la movilidad de las caderas y los besos al techo para eliminar la papada no hay tiempo para nada. Con el transcurso de los días empezamos a frustrarnos, decepcionarnos, y podemos caer en la tentación de mandar todo a la mierda y pasar al sedentarismo físico, mental y emocinal. ¡CUIDADO!

Estamos en la cima y luego en la base del cerro. ¿Será la edad la que nos impulsa a esta carrera enloquecida? ¿o será la influencia de los medios de comunicación que bombardean todo el tiempo con el mensaje OJO LA ESTÁ CAGANDO, proceda de esta u otra manera?

El punto es que por más que hagamos lo que hagamos vamos a morir, a envejecer, a volvernos arrugados, flácidos… y es tiempo de RECONOCERLO. ¿A quién le gusta que se le derrita la cara, la piel se ponga lija y los brazos sean alas de murciélago? A NADIE… pero es el precio de estar vivos.


Por eso necesitamos aprender a desaprendernos de la imagen que tenemos en el espejo, porque ya no será la de mañana. Es doloroso verse diferente, pero más doloroso es verse siendo otro porque se te fue la mano inyectandote productos que te hacen ver como un turrón de maíz navideño cuando somos gelatina.

Hoy tienes el mejor cuerpo y la mejor cara que tendrás jamás. Hoy es el máximo momento de juventud. Hoy es el único tiempo que tenemos para disfrutar y para amarnos. Mañana estaremos más envejecidos.

Si pudiéramos tomar cabal conciencia de lo poco que queda para la nada misma, cuántas cosas ya no tendrían sentido. No hay angustia más grande que comprender que no vamos a ningún lugar; al final somos como árboles creciendo en distintos sentidos, inmovilizados en una vida que no lleva a ningún lado.
Tal vez no se trate de correr más rápido ni de sostener lo insostenible, sino de aprender a habitar lo que somos hoy con menos castigo y más ternura, entendiendo que el cuerpo cambia, pero la vida sigue pidiendo ser vivida mientras todavía estamos acá.

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